Casi ninguna de las personas que conozco tiene un problema con la oración. Lo que tienen es un problema de y ahora qué.
Creen en la oración. Quieren crecer. Pero cuando se sientan, las palabras les salen igual que la semana pasada, y después de un tiempo empieza a parecer un recitado más que un encuentro. Entonces concluyen que el problema son ellos.
No creo que el problema seas tú. Creo que a casi todos nos entregaron la meta sin entregarnos el camino.
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.» (Romanos 8:29, RVR1960)
Conformes a la imagen de su Hijo. Esa es la meta, y casi todo creyente que conozco la quiere. El problema es que nadie te dice cómo se vive eso un miércoles por la mañana.
Esto es lo que usó nuestra familia durante casi veinte años.
La Escritura nos da retratos de Jesús. Nosotros encontramos ocho. El Soldado, que se mueve con disciplina. El Buscador, que va tras Dios de todo corazón. El Pastor, que nota a la persona que nadie más notó. El Sembrador, que planta y espera. El Hijo o la Hija, que permanece. El Santo, que está apartado. El Siervo, con quien se puede contar. El Mayordomo, que administra bien lo que le confiaron.
Él es los ocho a la vez, y los ocho a la perfección. Tú y yo llevamos uno o dos.
Yo soy Sembrador e Hijo. Eso no es una etiqueta, es un punto de partida. Saberlo no me ha hecho mejor persona. Me ha quitado confusión, y me ha hecho mucho más paciente con la gente que está hecha de otra manera.
Así que esta es la práctica, y es lo bastante sencilla como para que puedas empezar mañana.
Toma un retrato al día. No los ocho. Uno.
Quédate con él y llévalo a tu vida real en oración. Jesús, tú eres el Soldado. Pelea esto que llevo peleando a solas. O bien: Jesús, tú eres el Pastor. Ya no me quedan fuerzas y no sé dónde están las aguas tranquilas. Llévame allá. O bien: Jesús, tú eres el Mayordomo. Muéstrame qué me has confiado de verdad, y dónde lo he descuidado.
Algunos días el retrato va a caer justo donde lo necesitabas y vas a saber por qué Dios te llevó justo a ese. Otros días no vas a sentir nada. Hazlo igual. La formación no se mide el día en que ocurre.
Hazlo tuyo. No uses mis palabras. Trae la situación real, eso que vienes arrastrando desde el jueves, y ponla junto a ese retrato de Él.
Ponlo donde lo vayas a ver. Escribe la oración y pégala en tu cuarto de guerra, o en el espejo, o donde de verdad vayas a estar. Léela hasta que deje de ser una frase que escribiste y se vuelva algo que crees.
Esto no funciona porque sea ingenioso. Funciona porque te da un lugar al cual ir.
Ocho retratos. Uno al día. Una y otra vez, por el tiempo que haga falta, que es el resto de tu vida.
Esa es la pista. Ahora corre.

El Poderoso Jesús en el Cuarto de Guerra
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