Tus oraciones no rebotan en el techo

Hay oraciones que parecen quedarse pegadas al techo.

Hay oraciones que parecen quedarse pegadas al techo.

Las dices de todos modos. En el carro, a oscuras, en los diez minutos de calma antes de que la casa despierte. Y no vuelve nada que puedas oír. Al cabo de unas cuantas semanas así, un pensamiento se instala y se acomoda: tal vez Él no está escuchando. Tal vez está escuchando y no tiene mucho que decirte.

Yo me he sentido así al orar. Le contaba cosas a Dios y me preguntaba si las palabras llegaban siquiera al techo antes de caerse.

Después alguien me enseñó algo que ojalá hubiera aprendido cuarenta años antes. Dios siempre responde. Lo que pasa es que no siempre queremos oír la respuesta que da.

Da cuatro respuestas.

A veces Dios dice no. La madre de Santiago y Juan le pidió a Jesús que sentara a sus hijos a su derecha y a su izquierda, y Él le dijo con claridad que no sabía lo que estaba pidiendo. Es una palabra dura de recibir. Pero un no de Dios viene de un Padre que ve el camino completo, y que no va a ponerte en las manos algo que te costaría más de lo que alcanzas a ver desde aquí.

A veces dice vamos despacio. Jesús supo que Lázaro estaba enfermo y se quedó dos días más donde estaba. María salió a su encuentro en el camino con la frase que ha orado todo corazón que espera: si hubieras estado aquí. Nunca llegó tarde. Estaba haciendo algo más grande que los tiempos de ella, y la espera misma terminó siendo el lugar donde la gente vio a Dios.

A veces dice debes crecer. Pedimos algo que todavía no tenemos la fuerza para cargar. Cuando una aldea samaritana no recibió a Jesús, Santiago y Juan le pidieron permiso para hacer bajar fuego sobre ella, y Jesús se volvió y los reprendió. Hombres jóvenes, pidiendo algo ajeno a la manera en que Dios obra en la vida de las personas. No los estaba callando. Los estaba haciendo crecer.

Y a veces dice adelante.

«Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.» (Juan 15:7, RVR1960)

Dios tiene más ganas de decir que sí de lo que creemos. No me va a sorprender encontrar algún día bodegas enteras de cosas que Él estaba listo para dar y que nadie le pidió.

Lee las cuatro otra vez, despacio. No. Vamos despacio. Debes crecer. Adelante.

El silencio no está entre ellas.

Puede que no hayas recibido la respuesta que querías. Pero Dios no te ha ignorado ni una sola vez: ni en el carro, ni a oscuras, ni en esos diez minutos antes de que la casa despierte.

Espero que estas verdades te hagan volver a orar.


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