De comedores de vergüenza a buscadores de shalom

La mayoría piensa que lo contrario de la vergüenza es la confianza en uno mismo. No lo es.

La mayoría piensa que lo contrario de la vergüenza es la confianza en uno mismo. No lo es.

La confianza sigue girando en torno a ti, sigue midiendo, sigue llevando la cuenta. Puedes tener confianza y al mismo tiempo sentir que algo te devora por dentro, y a muchos nos pasa.

Lo contrario de la vergüenza es el shalom.

Esa palabra se encoge en español hasta quedar en «paz», y la oímos como silencio, o calma, o que nada vaya mal. El shalom es más grande y más cálido que eso. Es integridad. Es que todo esté en el lugar que le corresponde.

Mira lo que el shalom le hace de verdad a una vida.

Tus amistades se vuelven genuinas y afectuosas en vez de administradas. Empiezas a querer conocer a la otra persona de verdad, en lugar de calcular qué piensa de ti. Recuperas tu valor como persona, y una unión verdadera en lugar de actuación. Descubres que puedes perdonar, y que has vuelto a creer lo mejor de la gente. Y debajo de todo eso hay esperanza sobre lo que viene, que es lo primero que la vergüenza te roba, y lo que te roba con más sigilo.

Eso no es un estado de ánimo. Es otra manera de estar entre la gente.

«La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» (Juan 14:27, RVR1960)

No como el mundo la da. La versión del mundo es condicional y te la retiran en cuanto rindes menos. La suya no funciona así.

Entonces, ¿cómo ocurre el cambio?

No tratando de sentirte en paz. Eso es la versión del mundo otra vez, solo que con mejor decorado.

Ocurre cuando le llevas a Él lo concreto. El recuerdo concreto. La frase exacta que la vergüenza te repite. Le entregas esa frase, y Él te devuelve algo que en el papel no cuadra.

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:7, RVR1960)

Sobrepasa todo entendimiento. Es decir, no vas a poder explicar por qué estás firme. Simplemente lo estarás.

Y te guardará. Esa palabra importa. El shalom no es solo lo que llena el hueco que dejó la vergüenza. Es lo que se queda en la puerta después, para que la vieja acusación no vuelva a instalarse el día que te agarre el cansancio.

Este es el viaje, y vale la pena decirlo con todas sus letras: estamos siendo transformados de comedores de vergüenza en buscadores de shalom. Gente que antes consumía la acusación, y que ahora sale a buscar la integridad.

Ese cambio es lento, y es real, y no te exige ser impresionante primero.

Solo tienes que dejar de comer lo que la vergüenza te sigue sirviendo, y salir a buscar lo que Él te está ofreciendo.


Este articulo nace del libro La Verguenza es una Mentirosa.

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