La defendió delante de todos

Casi todos tenemos un momento que pagaríamos por borrar. No uno privado. Uno público, donde hubo gente mirando, y donde la cara de alguien te dijo exactame

Casi todos tenemos un momento que pagaríamos por borrar. No uno privado. Uno público, donde hubo gente mirando, y donde la cara de alguien te dijo exactamente lo que había decidido sobre ti.

La vergüenza vive en esos momentos, y no paga alquiler.

Quiero mostrarte lo que hace Jesús en una sala así.

Una mujer entra a una cena con un frasco de alabastro. Lo rompe y lo derrama entero sobre Jesús, y la sala se le viene encima de inmediato. Es un desperdicio. Es exagerado. Es vergonzoso, francamente, y la crítica no se dice en voz baja. La están regañando en público por un acto de amor.

Jesús no permite que aquello dure ni una frase más.

«Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.» (Marcos 14:6, RVR1960)

Y después hace algo más que defenderla.

«De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.» (Marcos 14:9, RVR1960)

Lee eso otra vez. El acto por el que la estaban avergonzando es el que Él decidió que el mundo entero recordaría. No solo le quitó la sala de encima. Tomó aquello por lo que la estaban humillando y lo convirtió en su honra.

Eso no fue un gesto aislado. Así es como Él trata la vergüenza.

Y no habla desde la teoría. De Jesús se hablaba a sus espaldas. Su familia pensó que había perdido la razón. Los líderes religiosos tenían apodos para Él y los usaban en público. Lo ejecutaron de la manera más deliberadamente humillante de que disponía el imperio, desnudo y colgado donde cualquiera que pasara pudiera verlo. Él sabe exactamente cuánto pesa que te miren así.

Nunca dejó que eso lo definiera, y no dejó que la definiera a ella.

Esto es lo que más quiero que escuches. En la cruz Él cargó tu vergüenza: la de ayer, la de hoy y la de mañana. No solo el pecado, aunque también, claro. La vergüenza. La parte que no tiene que ver con lo que hiciste sino con lo que ahora crees que eres.

La de ayer es eso que sigues repitiendo a las dos de la mañana. La de hoy es lo que estás escondiendo en este momento. La de mañana es eso que todavía no has hecho y por lo que ya te preparaste para odiarte.

Todo eso, ya cargado.

Así que no tienes que andar con la cabeza gacha. Aquel cuya opinión de verdad resuelve el asunto ya se pronunció sobre ti, y no lo hizo por cortesía.

Si estás cargando algo en público, o algo que te aterra que se haga público, llévaselo a Él primero. Tiene un historial de ponerse entre las personas y la sala.


Este articulo nace del libro La Verguenza es una Mentirosa.

Sigue leyendo