Él sabe lo que se siente

Después de que Holli murió, el anochecer era el momento más difícil del día.

Después de que Holli murió, el anochecer era el momento más difícil del día.

Las noches se alargaban una tras otra. Solo puedes ver cierta cantidad de televisión y leer cierta cantidad de libros; después ya no te queda nada más que la soledad. Algunas noches sentía que la oscuridad podía apagar la pequeña luz que todavía quedaba en mí.

Una de esas noches, tratando de que pasara el tiempo, estaba leyendo el libro de Isaías. Descubrí algo acerca de Dios que nunca antes había notado de verdad.

«Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto» (Isaías 53:3, RVR1960)

Había leído ese versículo muchas veces. Era información. Lo conocía como uno conoce un número de teléfono.

Antes de la muerte de Holli, me enfocaba en lo que Jesús hizo. Sus milagros, Su enseñanza, la cruz. Después de que ella se fue, empecé a notar lo que Él sentía.

Jesús lloró por Jerusalén. Lloró con María y Marta junto a la tumba de su hermano, aunque sabía lo que estaba a punto de hacer. Cuando supo que habían matado a Juan el Bautista, se apartó a solas a un lugar tranquilo.

Eso último lo entendí. Aquel primer año me aparté de la gente más veces de las que puedo contar. El duelo pesaba tanto que necesitaba silencio, sin que nadie me preguntara cómo estaba. Necesitaba tiempo para asimilar lo que había pasado, en un mundo que de repente se había vuelto oscuro.

Pero aquí es donde yo no me parecía a Jesús. Mi duelo envolvió la presencia de Dios en una niebla espesa, y la niebla duró un año.

No hubo un gran momento que lo cambiara todo. Tuve una oración corta, la que hizo un padre desesperado cuando le trajo su hijo a Jesús: Creo; ayuda mi incredulidad. La repetí una y otra vez. Y poco a poco, un paso a la vez, la niebla comenzó a disiparse.

Cuando se disipó, lo primero que vi fue a mi Salvador con lágrimas corriendo por Sus mejillas. Por mí. Por mi familia.

Esa imagen me cambió para siempre.

Jesús no está parado al borde de tu dolor, esperando a que lo tengas todo resuelto. Él es varón de dolores. Sabe exactamente lo que se siente, porque Él lo ha sentido. Y como Él mismo caminó por este valle, conoce el mejor camino para atravesarlo.

Si estás en la niebla ahora mismo, no necesitas una gran oración. Toma prestada la de ese padre. Creo. Ayuda mi incredulidad. Dila esta noche, y mañana por la noche, y la noche siguiente.

La niebla no se va a quedar para siempre. Y cuando se disipe, lo encontrarás justo donde ha estado todo el tiempo. Lo bastante cerca para ver Sus lágrimas.


La Muerte es una Mentirosa

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