
Pensé que estaba haciendo un progreso real en mi duelo. Luego llegaron las festividades.
Todo se revirtió. Aquel primer Día de Acción de Gracias y aquella primera Navidad después de que Holli murió, volví a caer en uno de los dolores más profundos que había sentido. La familia se reunió alrededor de la mesa, y ella no estaba. Se sintió como otro funeral.
Ese año la Navidad no fue la mejor época del año para mí. Fue la más dolorosa.
Una noche le escribí al Señor: ¿Cómo puedo ser feliz cuando estoy tan triste?
Lo que sentí que Él me respondía no fue un sermón. Él también veía la silla vacía. Veía lo cansado que estaba, el pavor que me daban las compras, las preguntas y las canciones. Y no me dijo que siguiera adelante a la fuerza. Me dio unas cuantas cosas sencillas que hacer.
Haz una lista corta de lo que de verdad puedes hacer este año. No lo que solías hacer. Lo que puedes hacer ahora.
Tómate un día a la vez. Solo este.
Está bien decir: «Este año no puedo con eso». Cuando necesites apartarte y recomponerte, deja que la gracia gobierne el día, no la culpa.
Jesús lo dijo claramente.
«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (Juan 8:32, RVR1960)
La honestidad fue lo que más me ayudó. Habla con honestidad, contigo y con las personas que amas, sobre dónde estás de verdad. Hazles saber que todavía te estás recuperando y que este año necesitas más descanso. Si necesitas salir de la habitación un rato para ir a llorar, eso no es debilidad. Es verdad, y la verdad nos hace libres.
Y no son solo las grandes festividades. Una pequeña también puede derribarte. Un cumpleaños. Una barbacoa en casa de un amigo donde sientes que estás de más en la mesa.
Y vas a necesitar algunas tradiciones nuevas, pero no deseches las viejas demasiado rápido. Busca maneras de cambiarlas sin quitarles el significado. Ya estás de duelo por la persona que perdiste. No necesitas también estar de duelo por cada tradición que amabas.
Pídele a tu familia que te ayude. Hablen juntos de los sueños que tu ser querido tenía para estos días, y vean cuáles todavía pueden cargar.
Recuerda esto. No siempre vas a estar en un dolor profundo al pie de la cruz. Llegarán festividades en las que vuelvas a arrodillarte junto al pesebre, y escuches a los ángeles cantar, y lo sientas de verdad.
Llegará el día en que tu familia hable de la persona que perdiste como si estuviera en la habitación contigo, y no ausente.
Esos serán días preciosos. Aguanta. Ya vienen.

La Muerte es una Mentirosa
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