Solo hoy

Casi toda nuestra vida se inclina hacia el mañana.

Casi toda nuestra vida se inclina hacia el mañana.

Planeamos la boda, el mejor trabajo, la jubilación. Es una manera fácil de vivir, justo hasta que la persona con quien planeamos ese futuro ya no está. Entonces el futuro se disuelve en humo. Todo lo que queda son los recuerdos de ayer y la miseria del presente.

Ahí estaba yo después de que Holli murió. Y ahí fue donde Dios me enseñó una de las lecciones más importantes de mi duelo: el poder de estar en el presente.

En esos días le escribía mucho al Señor. Una mañana admití algo que no me gustaba ver en mí. He hecho mis propios planes y te he pedido que los bendigas demasiadas veces. ¿Qué quieres de mí hoy?

La respuesta que sentí fue más sencilla de lo que esperaba. Hoy solo te voy a dar una meta. Tómate un día a la vez.

Jesús lo dijo claramente hace mucho tiempo.

«Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.» (Mateo 6:34, RVR1960)

Darle vueltas al pasado y preocuparse por el futuro es una carga que nadie puede llevar. Solo Dios puede vivir el ayer, el hoy y el mañana a la vez de manera saludable. Nosotros fuimos hechos para vivir en un solo día. Este.

A medida que lo practicaba, una y otra vez, algo cambió. Mi caminar con Jesús pasó de mi cabeza a mi corazón. Mi cabeza siempre estaba ocupada con el ayer y el mañana. Mi corazón solo podía encontrarse con Él hoy.

No quiero que pienses que esto fue fácil para mí. No lo fue. Algunos días se me olvidaba. A veces pasaba varios días seguidos sin vivir un día a la vez, y sin preguntarle a Jesús qué quería de mí ese día.

Cuando miré atrás para ver por qué, noté algo. Casi nunca era porque lo que Dios me pedía fuera demasiado difícil. Era porque yo le había añadido cosas. Tomaba Su única meta pequeña, le echaba encima mi propia lista, fracasaba con todo el montón y después me costaba volver a empezar.

El Señor me recordaba una y otra vez que Él buscaba el progreso y no la perfección. Me encontraba justo donde yo estaba y me invitaba a empezar de nuevo.

Esa es la parte que más quiero que escuches. El mayor gozo de nuestro Padre es vernos vencer. No está esperando para avergonzarnos cuando tropezamos. Está esperando para ayudarnos a levantarnos.

Así que, si el futuro te abruma ahora mismo, no intentes arreglarlo todo. No tienes que cargar con el próximo mes ni con el próximo año.

Solo hoy. Empieza con este.


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