Lo que viene después del duelo

Hay una pregunta que da vergüenza decir en voz alta.

Hay una pregunta que da vergüenza decir en voz alta.

¿Y ahora qué?

Suele aparecer después de lo peor, cuando dejan de llegar las visitas y cada quien volvió a su vida. El dolor ya no es un muro. Se parece más al clima. Y en el espacio que se abre aparece algo incómodo: sigues aquí, y no tienes idea de qué se supone que debes hacer con eso.

Hay quien siente culpa por el solo hecho de preguntarlo. Como si querer un futuro fuera una forma de deslealtad. Como si volver a ser feliz significara que la pérdida no importó.

No significa eso. No es así, y nunca lo fue.

El final del duelo no es olvidar. Es aprender a cargar el recuerdo sin que te ocupe las dos manos.

Esa transición es real, y es incómoda, y casi nadie te advierte de ella. Estás pasando de sobrevivir a algo que todavía no tiene nombre. Aparece el miedo. Y también la sospecha de que ya gastaste todo lo que tenías para dar.

«Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.» (Apocalipsis 21:5, RVR1960)

Todas las cosas. Incluida esa parte de tu historia que dabas por terminada.

Esto es lo que he visto hacer a Dios, en mi propia vida y en la de muchos otros. No tira el valle cuando ya pasó. Lo usa.

«…el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.» (2 Corintios 1:4, RVR1960)

Léelo otra vez, despacio. El consuelo que recibiste nunca fue solo para ti. Alguien va a llegar al lugar donde tú estuviste, ese principio donde nada tiene sentido, y vas a poder sentarte con esa persona de una manera que quien no ha estado ahí sencillamente no puede.

Eso no es un premio de consolación. Es un llamado que nace de lo peor que te ha pasado.

Así que el primer paso es pequeño, y es la misma pregunta de la mañana que aprendiste en el valle. Solo que ahora el objeto se mueve: deja de ser sobre ti.

Pregúntale a Dios en la mañana: ¿A quién puedo bendecir hoy? ¿Cuál es mi siguiente paso? No el plan a cinco años. El de hoy.

A veces la respuesta será servir a alguien. A veces será contarle a una sola persona la verdad de lo que viviste. Y a veces, más seguido de lo que esperamos, la respuesta será descansar, porque traes más cansancio del que admites.

Tener propósito después de una pérdida no significa tener una vida sin tristeza. Significa una vida con sentido, con cicatrices y todo.

Lo que parecía el final de la historia resulta ser el lugar donde empieza otra.


Este articulo nace del libro La Muerte es una Mentirosa.

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