El duelo te deja parado justo donde estabas. El futuro que habías imaginado simplemente desapareció, y la mayoría de los días no planeas a cinco años. Tratas de aguantar la próxima hora.
Quiero contarte lo que ayudó, pero primero quiero quitarte algo de encima.
El duelo no es un problema que se resuelve. Es una habilidad que se aprende. A nadie se le da bien al principio, y que te cueste no es un fracaso espiritual. Así es la tercera semana, nada más.
Cuando caminé por mi propio valle, Jesús me señaló cuatro cosas. No entendí lo que estaba haciendo en ese momento. Solo con el tiempo, al mirar atrás, vi que sí había un plan detrás de todo. En el libro lo llamo el plan CRECER, porque de eso se trata: crecer. Son cuatro habilidades que se aprenden, no cuatro pasos que se terminan.
Metas. No de esas que te enseñaron a ponerte. Al principio no podía planear un año, así que dejé de intentarlo. Empecé a preguntarle a Jesús cada mañana: ¿Cuáles son las tres cosas que quieres que haga hoy? Las metas pequeñas, dichas como declaraciones de fe, son las que te mantienen en movimiento cuando el futuro se ha quedado en blanco.
Obstáculos. En el valle hay oposición real, y no todo lo que te frena es tristeza. Hay mentiras que llegan puntualmente, y el enemigo puede usar a las personas que más amas para devolverte al camino del miedo. Aprender a nombrar un obstáculo y apartarlo es una habilidad en sí misma.
Quebrantamiento. Esta es de la que nadie te advierte. La muerte te quita las defensas. Cada manera en que habías aprendido a esconder tus faltas deja de servirte, y lo que sale a flote no es bonito. Orgullo. Ira. Vergüenza. Celos. La mayoría no tenemos idea de que esas estrategias siguen ahí, en automático, hasta que la pérdida nos deja sin dónde esconder nada. Confesar lo que sale a flote no es opcional. Ahí empieza la sanidad.
Recorrer el valle con Jesús. No se trata de saber acerca de Él, sino de caminar con Él, a diario, en la parte donde todavía duele.
«Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.» (Salmo 23:4, RVR1960)
En el valle. No por el borde, ni por un atajo. La promesa del Pastor nunca fue que te saltarías el valle. Fue que no estarías a solas en él.
Así que aprende una habilidad a la vez. Pídele las tres cosas de hoy. Nombra un obstáculo. Dile lo feo que salió esta semana. Y sigue caminando, incluso en los días en que parece que nada se mueve.
Se está moviendo. El duelo es lento, y lento no es lo mismo que atascado.
Este articulo nace del libro La Muerte es una Mentirosa.
